Prosa del Cielo I

Hoy las estrellas se vislumbran perturbadas desde la subjetiva visión terrenal. Los astros parecieran ocultarse tras fugaces nubes grises, para volver a asomarse en breve tiempo. Sin embargo, no logro entender qué estoy observando, pues mi visión se encuentra desorientada, y mi mente perturbada, como muchas mentes, cual nubes sin forma ni rumbo cierto, están sumergidas hoy en una constante búsqueda, hasta condensarse en el agua que hace fluir al río de la vida, en el preciso instante en que debe llover, el cual ellas no eligieron.

Todo vuelve a su origen al fin, llevando consigo la experiencia de haber sido en un universo temporal, pero incapaz de tomar una decisión que cambie su origen, y por tanto sólo pudiendo orientar el qué hará de sí su destino.

Mientras en la tierra las fieras disputan su poderío, el derrumbe material se hace inevitable, ahora que la balanza pesa demasiado a su diestra y comienza a volcarse, y la serpiente que quiso crecer y abarcar todo el mundo de repente se encuentra devorando su propia cola, inyectándose sus propios venenos, para volver a la tierra de donde vino.

Las estrellas del cielo se vuelven a despejar, y se puede lentamente volver a reconocerlas; es entonces que la gigante roja de Orión vuelve a ser el rubí más brillante, y la Cruz del Sur marca el rumbo del destino.

Luciano Ariel Leonardi

 

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